El jardin encantado de Monet

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Monet fue un gran pintor, sin ninguna duda, pero también fue un gran amante de la naturaleza, las plantas y las flores. Durante sus últimos treinta años vivió en Giverny, y allí construyó un magnífico jardín que a la vez fue el protagonista de sus cuadros.   Loco por las flores, en una ocasión afirmó «a ellas les debo haberme convertido en pintor».monet_jardin

En 1883, Monet se trasladó con sus hijos, su futura esposa Alice y los hijos de esta, a Giverny, un pequeño pueblo en la Alta Normandia, donde instala su nuevo taller para pintar. Desde el prinicpio se muestra fascinado por el jardín o Le Clos Normand, en el que ve enormes posibilidades. Apasionado de las flores y la jardinería, el pintor aplica sus conocimientos sobre pintura para crear curiosas perspectivas dentro del jardín, donde consigue realzar las zonas sombrías y crear espacios que parecen haber salido de un cuadro. Juega con su jardín como si estuviera pintando un cuadro y utiliza las flores como una paleta de colores con la que moldea su jardín soñado. Imaginativo en la jardinería tanto como en la pintura, Monet consigue plantar y combinar diferentes flores. Va ampliando el terreno para crear un jardín con plantas exóticas que trae de diferentes lugares del mundo, en contra de la opinión de sus vecinos de Giverny quienes temen que ponga en peligro la salud de sus animales y de sus cosechas

Iris, gladiolos, dalias, azucenas, bambús, sauces llorenes, y como no, sus famosos nenúfares. Él decía: “más allá de la pintura y la jardinería, no soy bueno para nada”. Y es que aunque más tarde tuvo jardineros que trabajaban para él, su pasión por las plantas le hacía que siguiese controlándolo todo.

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Su pasión por Japón le llevó a introducir de manera inesperada pequeños toques japoneses dentro del jardín. Un buen ejemplo es en paseo central, donde hizo construir un puente japonés, inspirado por su colección de grabados, que pintó de verde para desmarcarse del rojo tradicional utilizado en Japón. Gracias a los bambús, los ginkos y los lirios, el jardín respira una sugerente atmósfera oriental.

El jardín de agua, adquirido en 1983 y contiguo a la propiedad, era un de los puntos favoritos de Monet. Fascinado desde siempre por los juegos de luces y los reflejos de nubes en el agua, el pintor convierte este estanque en una verdadera obra de arte a la altura de sus cuadros. Decide plantar los nenúfares, ya que representan la unión ideal entre las flores y el agua. Reconoció que le llevó tiempo comprender sus nenúfares. Los cultivaba sin pensar en pintarlos, porque «un paisaje no te enamora en un día». Tiempo después tuvo golpe de inspiración y cogió su paleta. Desde entonces no cambió de modelo.20120718230438019532_monet3nenufares-monet1Claude_Monet-Waterlilies
4320120718230438019532_monet2Un abrazo

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